Arco, dirigida por el francés Ugo Bienvenu y coescrita junto a Félix de Givry, se estrenó por primera vez en el festival Cannes del año pasado, y desde ahí ha ido cosechando éxitos como el Cristal al Mejor Largometraje en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy. Ahora, se encuentra luchando por hacerse con el Oscar a la Mejor Película de Animación. Y, desde el 23 de enero, se puede ver en salas de cine en España.
Hay un dato curioso, y es que Natalie Portman ha participado en la producción del film y pone voz a la madre de Iris. Y en la versión doblada al inglés escuchamos a otros actores de renombre como Will Ferrell, Jake Gyllenhaal, America Ferrera y Mark Ruffalo. 
En los tiempos que corren, resulta difícil imaginar un futuro esperanzador: pandemias, genocidios, guerras y presidentes que no hacen más que empeorar la situación de sus países. Sin embargo, Arco nos presenta una distopía con toques de optimismo, una luz tenue pero que no se apaga al final de un túnel escabroso, lo que puede recordar, en parte, al cine de Hayao Miyazaki. Como artista, Ugo Bienvenu ofrece al público un rayo de esperanza entre tanta desgracia, algo que se agradece. 
Pero vamos a la historia: Iris es una niña de diez años que vive en el año 2075, en un mundo gobernado por la tecnología y dominado por los robots. Ella y Peter, su hermano pequeño, viven con Mikki, un robot inteligente que los cuida mientras sus padres trabajan en la ciudad. Por otro lado, Arco es un niño que vive en el año 2932, un futuro donde abundan los colores vivos, todo parece estar en paz y los personajes rebosan amor. Gracias a los avances tecnológicos, decide viajar a otra época, a millones de años atrás, para ver los dinosaurios que una vez poblaron este planeta. Sin embargo, por un error, acaba aterrizando en la ciudad de iris, quien se propone ayudarlo a regresar a su hogar.
Los protagonistas demuestran que la unión, la comunidad, la empatía y la curiosidad son cualidades que nos ayudan a conseguir nuestros objetivos. Ah, y un detalle significativo es que la unión de los nombres, Iris y Arco, forman la palabra arcoíris, un elemento recurrente a lo largo del largometraje. A pesar de retratar un mundo en decadencia, Bienvenu nos invita, a través de sus protagonistas, a no perder ni la esperanza ni el asombro por las cosas.
Volviendo a Miyazaki, el nuevo largometraje de Bienvenu demuestra, una vez más, que la animación no es solo cosa ‘de niños’, y que una historia ilustrada puede ser tan emocionante, reconfortante y potente como una interpretada por actores.