A veces, la memoria colectiva de un país no se custodia en los grandes museos, sino en el rincón más insospechado de la barra de un bar, en un restaurante o en la cafetería de debajo de casa. Lo que para cualquiera es un simple trozo de papel desechable que apenas cumple su función de limpiar, para el fotógrafo Felipe Hernández se convirtió en un mapa arqueológico de la cotidianidad española.
Todo empezó de forma casi fortuita hace doce años en una cafetería bilbaína. Miles de cafés y cientos de kilómetros después, ese gesto inocente de guardar retales de hostelería ha tomado la forma de Servilletas, un fascinante libro-archivo editado por Ojos de Buey que rescata del olvido el diseño gráfico popular y anónimo de nuestras regiones. Este viaje visual cabalga de forma híbrida entre el coleccionismo, la fotografía y la pura nostalgia.



¿Recuerdas la primera servilleta que decidiste guardar? ¿Qué te hizo pensar que había algo más detrás de ese gesto?
Llevaba tiempo guardando algunas sin ninguna intención, pero fue en Bilbao en 2014, en la cafetería Brest del barrio de Deusto, donde se me ocurrió que había un proyecto detrás de las servilletas.
¿En qué momento pasaste de acumular servilletas a entenderlo como un archivo con valor cultural?
Realmente, hasta que no llevaba un par de años recopilándolas y las fotografié, no fui consciente de que podía ser un archivo con valor cultural.
¿Hubo algún hallazgo concreto que te hiciera decir: esto merece un libro?
Siempre pensé que la mejor forma de que el proyecto permaneciera en el tiempo era hacer un libro, pero nunca tuve prisa por hacerlo, y por eso he estado once años con el proyecto. Hasta que Gabriel, de Ojos de Buey, me contactó para decirme que estaba interesado en sacar un libro con ellas.
¿Ir a comer o a tomar algo fuera se convirtió en un hábito para descubrir nuevas servilletas? ¿O ya es algo que hacías asiduamente?
Era algo que ya hacía. Lo que sí me pasaba es que estaba mucho más atento por si veía servilletas en los sitios a los que iba.
¿Bajo qué criterio las clasificas?
Las tengo ordenadas por regiones, pero en el libro están según el tipo de establecimiento.
¿Has identificado tendencias o modas visuales recurrentes en la hostelería?
En las de antes no. Ahora sí, porque muchos de esos bares nuevos emulan lo ‘antiguo’, pero identifico rápidamente ese copia y pega.
¿Hay alguna región de España que te haya sorprendido especialmente por su identidad gráfica?
Andalucía, sin lugar a dudas.
Muchas de estas piezas están hechas por autores anónimos. ¿Crees que eso les da más libertad creativa?
Algo que hemos querido resaltar siempre ha sido agradecer a todos esos autores anónimos que, sin su trabajo, esto no sería posible. Y coincido en lo que comentas, que contaban con mucha más libertad creativa y posiblemente cero censuras; todo valía, y por eso tenemos esos diseños.
¿Qué tiene la servilleta que no tienen otros soportes gráficos cotidianos?
Que todo el mundo las usa. Por lo que, como medio publicitario, es muy bueno. Se podría decir que tiene más usos de los que se pensaron en un principio.
¿Asocias recuerdos de los lugares a las servilletas que recoges?
Sí, totalmente. Todo el mundo tiene recuerdos. Por ejemplo, el otro día una amiga, al verlo, me dijo: me has hecho retroceder treinta años en el tiempo, a mis veranos en Córdoba yendo con mis primos a esta heladería.
¿Cómo cambia la percepción de una servilleta cuando se saca del bar y se coloca en un libro o exposición?
Se pone en valor lo que significa, más allá de ser un trozo de papel que no limpia.
¿Te interesa más preservar el pasado o también documentar lo que está ocurriendo ahora mismo?
Por ahora esto sigue ocurriendo, es nuestro presente, aunque se pueda ver como algo del pasado, ya que las fuerzas del mercado luchan para que sea más pasado que presente. Aunque en estos años varias de las que salen en el libro ya no existen.
¿Hay alguna servilleta que te haya resultado especialmente difícil de conseguir o conservar?
Pues tengo una de Bodega Carol que está en El Clot. Las veces que intenté ir estaba cerrado, y entonces un amigo me la trajo. Doblada, pero no importa. Algunas del libro están así, y tiene su gracia que no estén perfectas.
¿Cómo te gustaría que el lector recorra la obra: como un libro, como una colección o como una exposición?
Como el lector quiera, ya que es un híbrido de archivo, colección y libro.
¿Qué aporta la editorial Ojos de Buey al enfoque del proyecto en términos de intrahistoria y cultura visual?
Era seguidor de la editorial mucho antes de que Gabriel y yo nos conociéramos. Siempre me interesó mucho su catálogo, ya que estaba editando trabajos y proyectos que en su día no salieron a la luz, pero que hoy en día son documentos importantes y que las nuevas generaciones tenemos curiosidad por descubrir. Y aunque esto no fuera puramente fotografía, sí era archivo de España. Por lo que pegaba bastante en el catálogo.
¿Qué otros objetos cotidianos crees que podrían merecer una mirada similar?
Tarjetas de visita, azucarillos, posavasos, cajas de cerillas, carteles o flyers.
Con la publicación del libro, ¿cierras esta etapa de recolección?
Sigo recopilando servilletas. A lo mejor, en un futuro, un segundo volumen.


